La Mamá más Mala del Mundo

 la mama

Déjame contarte algo de mi Mamá.  ¡Yo tuve la Mamá más mala del Mundo!  Mientras otros niños comían dulces para el desayuno; yo tenía que comer cereal, leche, jugo y tostadas.  Cuando otros tenían dulces para el almuerzo; yo tenía que comer arroz, habichuelas y carnes.  También para la cena me hacía comer diferente a los niños de mi barrio.  Pero lo que más siento es que era el único que cargaba con este sufrimiento.

Mi mamá insistía en saber dónde yo estaba todo el Tiempo.  Ella tenía que saber quienes eran mis amigos y qué hacía.  Insistía ella demasiado en que si iba a estar una hora fuera de mi casa, debía ser una hora o menos, y no una hora y un minuto.  Cada vez que quería hacer las cosas a mi manera, me castigaba.  Pueden ustedes imaginarse, ¿Pegarle a una criatura sólo por desobedecer?

Ahora pueden darse cuenta lo mala que era mi mamá.  Lo peor es ésto que les voy a contar.  Tenía que estar en la cama a las 8:00 de la noche y levantarme temprano al día siguiente.  No se me permitía dormir hasta el mediodía como a mis amiguitos.  Así que mientras ellos dormían, mi mamá tenía el valor de despertarme a trabajar.  Yo tenía que lavar los platos, hacer mi cama,  aprender a cocinar (como las nenas) y hacer toda una serie de trabajos crueles.  A veces creo que se quedaba despierta por las noches tramando trabajos malos para que yo los hiciera al otro día (aunque ella dijera que velaba mis sueños).

Siempre insistía en que dijera la Verdad, aunque me costara casi la vida.  Cuando llegué a la adolescencia, mi conducta era vigilada.  Me dejó ir a las fiestas, pero sólo a las de la Iglesia.  Por eso digo que ella era un fracaso como madre.   Fíjense de todo lo que me privó participar: Nunca fuí arrestado, no peleé con mis amigos, no jugué cartas por dinero, no pude fumar, no pude tomar licor, tampoco usé drogas, ni robé, ni maté, y mucho menos fuí a la cárcel.   ¡Hay tantas cosas que no hice y que hicieron mis amigos! 

Estoy tratando como padre de levantar a mis dos hijos usando a mi santa madre como ejemplo.   Me siento orgulloso cuando mis hijos me llaman malo.  ¡Reflexione usted en ésto que les he contado!     Yo, personalmente le doy Gracias a Dios por darme:

¡La Mamá más mala del Mundo!

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